Necesidad de Hablar

A lo largo de mi camino diario, cada vez más aparece gente con necesidad de hablar: gente en la calle, que pregunta algo y saca tema de conversación para seguir conversando y compartiendo un momento, gente en el tren que necesita contar acerca de su día a día, y contar acerca de sus  penas, sus enfermedades y sus carencias, personas que empiezan  hablando del tiempo con otra gente y continua con su vida como si ya hubiéramos establecido un vínculo y pudiéramos compartir nuestras vidas un rato como si nos conociéramos de siempre.

Reconozco que soy bastante reacia a hablar con  gente que desconozco; la inseguridad que nos rodea, la desconfianza, mi necesidad interior de tener un poco de silencio a mí alrededor … todo suma a que,  salvo en determinadas ocasiones, prefiera no hablar con nadie.

Hasta que me encontré con mi madre. Mi madre es una de esas personas que hacen millones de cosas y cursos:  va al gimnasio, estudia inglés, sociología,  asiste a un curso de cine y debate, y también le queda tiempo para hacer la visita semanal guiada del museo de bellas artes.

Hace unos días hablando en su casa, le pregunté, “¿qué tal tu curso del museo?” Y me dijo, “no sé qué hacer, me gusta, pero no comentamos nada, no opinamos mucho, después no se reflexiona sobre lo que se vió, no me gusta mucho eso…” La miro, un poco contrariada, y le digo, “pero la visita no es interesante?” ” Sí”, me dice, “no es buena la persona que lo dicta?” ” Sí,  esta bien”, me contesta, “y entonces? De que queres hablar? “

Me sonríe, no se describir la expresión, no se si es cariño, o pensarme ingenua, no lo tengo tan claro… pero me explica algo que yo desconocía: “tu papá me habla poco y nada, ya casi no conversamos como lo hacíamos antes, es como si no le interesara lo que tengo para decir… y yo siento que si no hablo, pierdo la capacidad de expresarme, después de varios días, siento que no puedo hilar mis ideas, y me cuesta. A mi edad es difícil… por eso hago cursos donde tengo posibilidad de comentar cosas, y donde se habla de cosas cotidianas.”

Me quede helada. No lo sabía, no me había dado cuenta,  supongo que es muy cruel para ella que su realidad se haya transformado en algo que ella no quería para sus últimos años… Reconozco que muchas veces cuando me llama, a la noche para ver como estoy, o como fue mi día, yo estoy apurada, o jugando con los chicos, o por irme a comer o a cenar, y no tengo demasiado tiempo para conversar o estoy cansada, o no tengo ganas. Suena cruel, pero no era mi intención.

Pensaba en querer hablar y que el otro, que no es un desconocido, es tu marido hace mas de 40 años, no quiera, no le parezca, o necesite silencio; no es muy amable de su parte, no?

Con los años aparece exacerbado lo mejor y lo peor de uno, uno es más sensible y menos tolerante, me pasa a mí con 40, que les queda a ellos con 75 y 80?

Ella necesita hablar y contar que le pasa, resultarle interesante a alguien, compartir un rato con alguien que la escuche, y le haga sentir que lo que ella tiene que decir le importa.

Ella necesita Hablar, pero sobretodo, que la escuchen. No es mucho pedir, no?  A mí también me corresponde hacerlo de vez en cuando….

Carla

Tartamudez y chocolate

No se si alguna vez lo conté pero de chiquita yo fui tartamuda. Realmente tartamuda: No podía expresarme bien, ni hablar y me daba muchísima vergüenza que me pudieran escuchar. Recuerdo que  mis compañeros de escuela fueron bastante crueles conmigo, me cargaban y se reían de mi imitando mi forma de hablar (mejor dicho de no poder hablar).

Después de 7 años de visitas al foniatra, donde no solo aprendí a hablar y a respirar con el diafragma, sino también, a conocer autores y leer clásicos que nunca hubiera leído. Mas que una foniatra , era una institutriz…

Salvo cuando me olvido de respirar, les diría que nadie se da cuenta que alguna vez tuve algún inconveniente con el habla; no solo porque hablo mucho, sino porque mi vocabulario es extenso y puedo expresar muy bien mis ideas, solo me queda un pequeño temor, que aún hoy me cuesta manejar: hablar en público.

No importa si son 10, 20 o 100 personas, me pongo muy nerviosa, transpiro, me angustio, me da pánico… Hice un par de cursos de oratoria, que si bien, me han dado armas para manejarme delante de un auditorio, no me ha sacado el temor.

Me ha tocado hablar en público varias veces, por trabajo, mayormente en inglés, cosa que no ayuda a sentirse segura, mi mejor presentación fue con un tranquinal, donde por primera vez en mucho tiempo sentí que mi mandíbula se quedaba mas “tranquila”… Pero una no puede andar tomando pastas ante cada reunión, verdad?

Esta semana, en el cole de Balta, hacían una actividad para padres: podíamos ir a leerles un cuento;  después de pensarlo un poco, me decidí a juntar valor e ir… me fui armada: lleve 6 paquetes de galletitas Oreo y 2 litros de leche chocolatada, mi estrategia era ganarme a los chicos, de entrada con algo rico y tenerlos entretenidos, mientras leía, y así,  si me trababa en alguna parte nadie se iba a dar cuenta… me salió bien: ellos estaban felices con tanto chocolate, yo me ocupé de leer, haciendo voces de personajes, y poniendo caras, mostrando fotos del cuento, apoyándome en esas cosas que aprendí que me daban mas seguridad… nadie se dio cuenta, terminé leyendo 3 cuentos, ellos me rodeaban , me abrazaban y hasta me dieron unos besos. Balta estaba emocionado y orgulloso. Yo también…

No hay nada que no haga para ver a mis hijos felices, aunque eso signifique enfrentarme con mis demonios mas profundos.

xoxo

Carla

PD Este Osito me lo dieron de regalo en el cole, lo quería compartir…