Miserias personales

Disculpen la ausencia, estoy triste y no tenia muchas ganas de escribir.

El miércoles pasado llamé a la que fue mi analista terapéutica durante mas de 10 años, necesitaba claridad, y por suerte ayer pude encontrarme con ella.

En los últimos posts venia contándoles una charla pendiente con Juan sobre el dinero y lo mucho que me cuesta hablar con él, (y con mi padre) del asunto;  en breve resumen, mi padre nos prestó un dinero hace un año para terminar la casa, si bien nunca nos puso plazos, ni reclamó nada, yo se que la esta esperando de vuelta, y me parece que es lo correcto. Juan no lo cree así; no quiere ayudarme a devolverlo y a mi duele.

Estoy en el medio de los dos hombres mas importantes en mi vida. No puedo elegir, no puedo decidir. Y estoy triste.

Sé conscientemente que tengo que devolver ese dinero, porque no es mío (aunque algún día vaya a serlo); me dá vergüenza la actitud de Juan, que piensa y habla a viva voz de irnos de viaje, cambiar el auto, o comprar cosas para la casa, pero por otro lado también lo entiendo: el puso mucho dinero en nuestra casa, pero para quién lo escucha, parece vivir en Suiza…

Mi analista me sugirió hablar con los dos, por separado, y plantearles la misma situación: que desde su propio lado, los tienen algo de razón, pero que yo (y mis hijos) estamos en el medio, y no puedo elegir, ni me quiero separar tampoco.

Juan no procede bien, y en vez de cumplir 50, parece un adolescente con este comportamiento, pero no quiero separarme de él, por mas que su actitud no sea la correcta.  Mi papa es manejador, y siempre se valió del dinero, para marcar su territorio. No es malo, es muy generoso de hecho, pero en sus tiempos y a su manera.

Sábado a la tarde, Juan trabaja, Benja duerme, Balta esta jugando con amigo… yo me como la cabeza, tratando de ver como encarar la conversación porque por mas miedo que me produzca, no puedo verlo construir castillos en el aire. No es justo, para mí. Y me hace daño que no se dé cuenta de que me deja tan mal parada, que  no me cuide…

Todos tenemos nuestras miserias…

xoxo

Carla

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